|
| ||
Kiss Kiss-Good Food (17_02_07) "Un instante en Miradas 2. El programa Miradas 2 de TVE en colaboración con la Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid, organiza un concurso de ráfagas cortas para su emisión dentro del programa que se emite en La 2 de TVE de lunes a viernes. El concurso busca fomentar el diseño y la creación audiovisual." Kiss Kiss es la pieza seleccionada y Good Food la que se quedo fuera. |
||
Good Food
|
||
Kiss Kiss
|
||
![]() |
||
Anónimo (S.IX-XII) (21_01_07) No tengo parientes
|
||
![]() |
||
24. 天无绝人之路 (10_01_07) Lit. El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
|
||
| ||
159. 情人眼里出西施 (24_12_06)
|
||
Festival Internacional de Arte Electrónico 404 (21_10_06) El III "Festival Internacional de Arte Electrónico 404" se llevará a cabo en la ciudad de Rosario, Argentina, del 30 de Noviembre al 03 de Diciembre de 2006 en Plaza Cívica y Centro Cultural Parque de España. "404"
es un proyecto independiente sin fines de lucro, cuyo principal
objetivo es impulsar y difundir producciones artísticas de todo el
mundo en el campo del Arte Electrónico, generando a su vez un entorno
de producción en el cual los autores se interrelacionan.
|
||
OFF LOOP FESTIVAL (15_05_06) La exposición de la sala Amadis, ha concluido. Gracias a todos los que vinisteis a verla. Los acontecimientos se suceden y ahora la pieza Littleparis viaja de nuevo a Barcelona. Podrá verse en el Off Loop Festival que se desarrolla del 10 al 21 de Mayo. Dentro de la selección de premiados en el Vad Festival de Girona Miércoles 17 de mayo en la Sala Apolo |
||
Sala Amadís (06_04_06)
Calle José Ortega y Gasset, 71 de Madrid |
||
|
El RETABLO (05_04_06) Texto para el catalogo de la Muestra de Arte INJUVE 2005 Para que algo suceda han de confluir multitud de factores. Agentes velados o manifiestos que dan y quitan privilegios, gracias a los cuales puedo reflexionar aquí sobre las instituciones y las identidades que sostienen mi trabajo. Las instituciones, entes a veces tangibles como los gobiernos, a veces etéreos y sutiles como el arte o la cultura, son los órganos fundamentales de una sociedad. Están encargadas de cohesionar y organizar sus diversos y dispersos elementos, es decir, a las personas, proporcionándoles orden y sentido. Crean un contexto de valores sobre el que éstas se desenvuelven, posicionándolas en el mundo. Estructuran y modelan su percepción de la realidad. Las delimitan. Las instituciones que aquí nos competen también. El arte es un objeto cultural originario de la tradición occidental, que funciona mediante una dinámica interna compleja en la que intervienen procesos, estéticos, ideólogos, políticos, culturales y económicos. El acto artístico ha ido adaptándose a las distintas necesidades materiales y conceptuales de los tiempos. Se trata de un artefacto fundamental en occidente cuya estimación y reconocimiento quedan reflejados en la creciente relevancia que los distintos gobiernos y poderosas entidades muestran hacia él. Se sitúa por tanto en un lugar privilegiado entre la jerarquía de las distintas instituciones sociales que nos acompañan y tutelan. El arte, en la vida cultural contemporánea, ostenta una difusa condición poliédrica capaz de ofrecer bajo la misma denominación una serie diversa de actividades en las que el artista, como dice la profesora L. Méndez, sería el “actor por excelencia de la reflexividad, capaz de producir introspecciones poético-artísticas críticas sobre la cultura”. Individuos pertenecientes a una clase social especializada en producir objetos (acciones) de consumo, dotados de una sensibilidad especial que les convierte en vanguardia espiritual de la sociedad con el fin último de transfigurarla. Sin embargo, todo acto de representación está penetrado por las relaciones de poder y el artista es una pieza más de la jerárquico sistema artístico. No es necesariamente un ser manipulado, arrastrado por los avatares del destino, que lucha contra la dominación institucional. Él es parte interesada en su buen funcionamiento y en su buen reconocimiento. Mientras, la institución defiende su prestigio y legitima su discurso gracias al mantenimiento de los supuestos valores ascéticos e iluminadores del artista. El mecanismo natural de las instituciones tiende, como podemos contemplar a nuestro alrededor, a autoafirmarse. Se argumenta que ante los retos de los nuevos tiempos es necesario que la identidad sea un valor supremo como defensa contra la uniformidad provocada por la globalización. Este argumento ha sido asumido por amplias y poderosas instituciones que defienden los distintos usos culturales, los hábitos folklóricos aprendidos, los cánones locales y los valores antaño divinos o naturales y ahora sencillamente tradicionales en pos de una identidad total. Ante el vértigo del vacío solo parece quedar la “agradable” losa o suerte de ser uno mismo y no el otro. Los seres humanos y sus comunidades han demostrado una gran capacidad para transformarse y mutar sus costumbres y creencias, para salvaguardar el interés material de la comunidad y viceversa, también es fácilmente perceptible el poder de las ideas para influenciar los destinos colectivos. Por pura e instintiva necesidad existencial o material, las instituciones tratan preservar su posición respecto a otras culturas y realidades, sin otro fin aparente que la lucha por el control de los recursos. La función del artista esta vinculada a los demás elementos de la sociedad. No es él individualmente quien decide ni su posición ni su actividad, puesto que estas vienen determinadas mayormente por otros agentes que le permiten desempeñar una actividad que le privilegia ante el resto de la sociedad. Es por tanto el primer interesado en mantener ese estatus elevado que le asigna unas especiales capacidades y sensibilidades que ningún otro actor social tiene. Así, todos los agentes implicados en la manufactura de productos artísticos realizan su actividad, igual que el resto de los agentes sociales prestos a mantener o mejorar su estatus económico y social. Esto no quiere decir que no encuentren placer, satisfacción y potentes sentimientos de realización personal con su actividad. Ambas cosas no son incompatibles. Cotidianamente son numerosas las actividades que proporcionan placer y beneficio sin necesidad de que estas posean un sentido trascendental o sublime. De hecho, y pese a lo que a priori podríamos pensar, no existe un sentido estético universal. Y tampoco es una condición esencial del ser humano, la necesidad de una justificación espiritual elevada para las actividades realizadas en vida. Efectivamente, existe diversidad en el sentido estético y también en como se comprende la existencia. Son múltiples los mecanismos psicológicos y sociales que llevan a los individuos a justificar una acción frente a otra. Coartadas hay tantas como personas y en algunos casos son incluso innecesarias. La ciencia médica sostiene que en el individuo, la difusión de la identidad, la perdida de claridad y continuidad sobre la propia percepción de uno mismo, provoca un alto grado de ansiedad, desazón y finalmente enfermedad. Es lógico pensar que todo sujeto necesite sentirse claramente delimitado, del mismo modo que querrá tener los máximos beneficios materiales sociales o espirituales. Todos aspirarán estar en lo alto de la pirámide. El artista igual. Dentro de la historia y tradición de la institución artística, la línea recta no suele ser el camino más corto. Así, la crítica a la propia institución ha formado parte intrínseca de su identidad y el artista ha podido transgredirse a si mismo. En los últimos años la tendencia de las instituciones es apostar por la defensa radical de su identidad como único recurso para legitimar su existencia, evadiéndose de la responsabilidad de encontrarse a si misma dentro de una función contextual necesaria. En este caso, puesto que ha sido característico de la identidad artística cuestionarse a sí misma, la constante auto-redefinición la convierte en una paradoja, de la que el actor crítico no puede salir ya que cuanto más en duda se ponga la institución más integrado se está en ella. Esto es finalmente un dispositivo de regularizaciónen el que el individuo cuando trata de mostrar las debilidades de un sistema, lo que persigue es integrarse en él. No obstante, las identidades cambian. Las identidades nunca son las mismas porque ninguna es realmente imprescindible y significativa aisladamente. Son explicativas y funcionales en una situación coyuntural que inevitablemente varía con el paso del tiempo. Todas las identidades perecerán, serán modificadas y sustituidas por nuevas, ya que ninguna es necesaria fuera de su contexto material. Emilio Jiménez
|
|